JAVIER GARIN DENUNCIA A MILEI, VILLARRUEL Y YOFRÉ (TEXTO COMPLETO DE LA DENUNCIA)

 




DADO QUE ME HAN SOLICITADO REITERADAMENTE EL TEXTO COMPLETO DE MI DENUNCIA, SE OFRECE LA MISMA A CONTINUACION:


FORMULA DENUNCIA POR APOLOGÍA DEL DELITO/ ABUSO DE AUTORIDAD, INCUMPLIMIENTO DE LOS DEBERES DE FUNCIONARIO PÚBLICO

 

Señor Juez:

                        JAVIER ADRIAN GARIN, abogado, T. VI f. 266 Colegio de Abogados de Lomas de Zamora, T. 32 f. 735 Colegio Público de Abogados de Capital Federal, matrícula federal T.601 f. 478 de la Cámara Federal de La Plata, CUIT 20-16961097-6, IBR 902-100039-2, con domicilio real en calle  Las Heras 1829 Banfield, y en  La Plata en calle 57 y 8 tribunales penales, piso 3 cas 646, con domicilio electrónico 20169610976,  celular 1159909876, a V.S. dice:

                        I)Que viene a formular denuncia y solicitar ser tenido como querellante (a cuyo fin acompañará la pertinente tasa de justicia) CONTRA EL PRESIDENTE DE LA NACION JAVIER MILEI, LA VICEPRESIDENTA DE LA NACION VICTORIA VILLARRUEL, EL EX ESPÍA JUAN BAUTISTA YOFRÉ y contra cualquier funcionario público que hubiera participado, por cualquier título que fuese, en lo que el suscripto entiende constituye una DEFENSA ANTIJURÍDICA DEL GOLPE DE ESTADO DEL 24 DE MARZO DE 1976 Y DEL TERRORISMO DE ESTADO instalado con la última dictadura militar (en cuya virtud la Justicia argentina, mediante procesos irreprochables, dictó NUMEROSAS CONDENAS contra los integrantes de las entonces Juntas Militares y de una larga lista de represores incursos en gravísimos delitos de LESA HUMANIDAD),  a fin de que se investigue la posible comisión de apología del delito, incumplimiento de los deberes de funcionario público y/o abuso de autoridad.

                   El suscripto no es víctima directa ni tiene familiares que hayan sido asesinados o secuestrados por la dictadura militar GENOCIDA, ni militó jamás en organizaciones que defendieran la lucha armada (a la que siempre rechazó), pero es víctima indirecta, en tanto ciudadano que durante parte de su vida padeció junto a millones de argentinos los devastadores efectos de dicha dictadura, la falta de libertades, la censura, el miedo, la angustia y la opresión. Desde muy joven, cuando aún imperaba la dictadura militar, mientras era estudiante de Derecho en la UBA, el suscripto comenzó a militar en repudio al Terrorismo de Estado. Ya siendo abogado, a partir de septiembre de 1986 en que se recibió contando aún 21 años de edad, el suscripto no sólo militó como ciudadano sino que ejerció la profesión defendiendo los derechos humanos en multitud de casos, desde víctimas de gatillo fácil de la “maldita policía” bonaerense en los años noventa, o víctimas de la represión empresarial bajo la dictadura en la Causa Molinos del Río de la Plata- Planta Avellaneda, etc., hasta víctimas de delitos aberrantes, o causas ambientales como el amparo que en su momento patrocinó logrando detener con los vecinos el emprendimiento megaminero de Agua Rica en Andalgalá, Provincia de Catamarca. Es impulsor de numerosos proyectos tendientes al reconocimiento de los derechos de las víctimas de delitos. Es asimismo historiador y autor de numerosas obras históricas y literarias, entre ellas el “Manual Popular de Derechos Humanos”, de amplia difusión, y el libro “El último Perón”.[1] Asimismo, ha dado centenares de conferencias y cursos de formación en todo el país sobre estas cuestiones.  

                  Por otra parte, al recibirse de abogado y al matricularse en los distintos Colegios profesionales, el suscripto juró RESPETAR Y HACER RESPETAR LA CONSTITUCION Y LAS LEYES DE LA REPÚBLICA. Por tanto considera un DEBER INDECLINABLE denunciar al Gobierno Nacional frente al rumbo que ha tomado en la materia, y se sorprende de que no haya más abogados presentando denuncias de similar tenor en cumplimiento del juramento que prestaron.

                  Es desde ese punto de vista que el suscripto se considera profundamente ofendido y agraviado por la reivindicación implícita de la dictadura militar y el Terrorismo de Estado que se desprende de los reiterados e insistentes dichos, acciones públicas, emisión de videos y mensajes de campaña y desde fuentes oficiales por parte del Presidente de la República Javier Milei  y algunos de sus funcionarios, de la Vicepresidenta de la República Victoria Villarruel, del ex espía y ex titular de la SIDE Juan Bautista Yofré y de otros personajes vinculados al actual gobierno, que a juicio del suscripto incurrieron en forma reiterada y sistemática en una JUSTIFICACION DEL GOLPE DE ESTADO DEL 24 DE MARZO DE 1976, UNA DIRECTA O INDIRECTA  REIVINDICACION DEL TERRORISMO DE ESTADO Y UNA APOLOGÍA DE LOS CRIMINALES CONDENADOS POR ESOS DELITOS.

 

                 III) MARCO INSTITUCIONAL Y NORMATIVO:

               Imagine V.S. cuál sería la reacción en Alemania frente a un Presidente que planteara que “no fueron seis millones de judíos” los asesinados por Hitler, o que el Estado nazi actuó durante el Holocausto defendiéndose de una “agresión marxista-judaica” o cualquier otra barbaridad negacionista por el estilo. En dicho país, que sufrió tanto la atroz dictadura de Hitler como la dictadura comunista en su parte oriental, existe un pacto democrático contra las expresiones que intentan reivindicar al nazismo o minimizar o negar sus crímenes, lo cual está tipificado como delito. [2]

               En Argentina, si bien no se ha incorporado normas que penalicen el negacionismo frente al Terrorismo de Estado, sí existen normas penales actualmente vigentes que sancionan la apología del delito y el incumplimiento de deberes de los funcionarios, que, en vez de defender la Constitución y el Estado de Derecho, defienden los golpes de Estado y minimizan o justifican los delitos de lesa humanidad.

       En tal sentido, cabe recordar, no porque V.S. necesite que se lo recuerde sino para ilustrar a quien acceda al conocimiento de la presente denuncia, que el Código Penal  establece:

“Artículo 213. Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que hiciere públicamente y por cualquier medio la apología de un delito o de un condenado por delito.”

                  La apología no consiste exclusivamente en la alabanza o encarecimiento de un delito para inducir a otros a realizarlo, sino que puede consumarse mediante la justificación directa o indirecta o el enaltecimiento de su autor o autores, pues de esa manera se lesiona el bien jurídico protegido, que es el orden o la tranquilidad públicos, al alentar por vía indirecta a otros a cometerlo, o presentar tales acciones, no como delitos sino como actos excusables, o incluso deseables.

                  Se ha dicho que la apología es la exposición de ideas o doctrinas que defienden el crimen o ensalzan a su autor ante una multitud de personas, por cualquier medio de difusión. Se trata de la alabanza o exaltación de un delito o de su autor, presentándolo como meritorio y digno de aceptación por todos (BAIGÚN, David y ZAFFARONI, Eugenio Raúl, “Código Penal y normas complementarias. Análisis doctrinal y jurisprudencial. Tomo 9. Artículos 200/236. Parte Especial”, Ed. Hammurabi, 1ra. Edición, Buenos Aires, 2010,  p. 483.). La jurisprudencia ha sostenido que el obrar consiste en hacer públicamente y por cualquier medio la apología de un delito o de un condenado por delito, entendiéndose por “apología” la exaltación, ponderación o elogio, la presentación como meritorio, digno de defensa y aceptación por todos CFed.CCorr., “V.L.G y otro s/ procesamiento”, sala II, c. 20.336, rta. 29/8/2003.)  Se sostuvo que los elogios de un proceder delictivo sobre hechos ocurridos, justificándolos en su contexto histórico sobre la base de la ineficiencia o imposibilidad de que la justicia pudiera probar y sancionar las conductas delictivas que las víctimas habrían cometido, volcados para su divulgación, configuran el delito de apología del delito CFed. CCorr., “A.A.s/ procesamiento”, sala I, rta. 2/12/1998.) Se trata de presentar actos criminosos como legales y dignos de encomio de forma pública, provocando una incitación por demás perniciosa, pues la exaltación que comporta, conduce a la confusión del sentido moral del deber y la legalidad en el grupo social determinado al que presuntamente se dirige, torciendo su comprensión mediante la justificación aviesa de un delito como meritorio. Indudablemente quienes así publiquen tal calidad de actos, exceden los cánones que la norma determina, pues nada hace razonablemente aceptables tales propósitos (CFed. CCorr., “Antonio J.”, sala I, rta. 13/12/1979, LL 1980-C-312 (del voto del Dr. Mántaras). En su aspecto subjetivo, el delito requiere de un obrar doloso, debiendo abarcar el conocimiento sobre aquello que se exalta o alaba. Corresponde que el autor del hecho punible actúe con discernimiento y voluntad de elogiar públicamente la comisión de un delito (concreto y determinado) o al autor de un hecho delictivo (así declarado por sentencia firme). ( Liporace María Cecilia, “Apología del crimen”, Asociación de pensamiento penal, Código Penal comentado).

              Adviértase, por otra parte, que la Constitución Nacional considera “traición a la Patria” la investidura de facultades extraordinarias y la suma del poder público (art. 29), tal como concentró en sí la última dictadura militar, a la vez que en el art. 36 (inspirado precisamente en las atrocidades de la última dictadura militar) se considera traición a la patria la interrupción del orden constitucional por actos de fuerza (como fue el golpe de 1976)  y se consagra el derecho de resistencia contra los que violaren el orden constitucional.

                 Por otra parte, la Ley 25633 en su artículo 1, establece: “Institúyese el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en conmemoración de quienes resultaron víctimas del proceso iniciado en esa fecha del año 1976”.[3]

                Como veremos, el Gobierno Nacional, si bien no prohibió las actividades conmemorativas, se empeñó en realizar actos de provocación contra dichas víctimas violando la ley vigente, y difundiendo a través de medios oficiales, redes sociales y prensa videos destinados a ofender y agraviar a tales víctimas y a justificar el golpe de Estado y la represión ilegal, propósitos en los cuales ya había avanzado en reiteradas oportunidades para producir una escalada de contenidos autoritarios y represivos por completo contraria a la letra y el espíritu de la Constitución Nacional y las leyes.

              También cabe recordar que el artículo 75 inciso 22 CN incorpora a nuestro plexo constitucional una serie de instrumentos internacionales: convenciones, pactos y declaraciones de derechos humanos, que constituyen otros tantos conjuntos normativos que obligan al Estado Nacional y a los gobernantes y funcionarios a respetar y hacer respetar tales compromisos internacionales de nuestro país, como ser las convenciones sobre derechos civiles y políticos, contra la tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanos y degradantes, contra la desaparición forzada de personas, contra los crímenes de lesa humanidad, de guerra, etc.

                  El marco jurídico constitucional y legal que los funcionarios denunciados juraron defender, respetar y hacer respetar impone, pues, como parte inescindible del Estado de Derecho, la defensa de los derechos humanos y la condena de las violaciones a los mismos, así como la obligación de repudiar el genocidio perpetrado por la última dictadura militar, en tanto constitutivo del compromiso democrático.               

                  Resulta, pues, de gravedad suma que un Gobierno haga una campaña oficial y sistemática destinada a reivindicar o atenuar la condena social del Terrorismo de Estado y denigrar u ofender a las víctimas, bajo pretexto de una supuesta “batalla cultural contra el marxismo y el peronismo”.

               Ello es tanto más grave cuanto que nuestro país padeció una de las peores formas de dictadura militar, represión ilegal y Terrorismo de Estado de que se tenga noticia, no solo en nuestra historia, sino en todo el continente americano.

                Cabe asimismo recordar que el art. 248 del CP penaliza con con prisión de un mes a dos años e inhabilitación especial por doble tiempo, al funcionario público que dictare resoluciones u órdenes “contrarias a las constituciones o leyes nacionales o provinciales o ejecutare las órdenes o resoluciones de esta clase existentes o no ejecutare las leyes cuyo cumplimiento le incumbiere”.

                    De manera que no se trata de perseguir opiniones más o menos valederas, sino de entender que las máximas autoridades de la República no pueden apologizar o justificar el Terrorismo de Estado ni minimizarlo o disculparlo sin incurrir en delito e incumplir sus deberes, atentando con tal proceder no sólo contra la tranquilidadf pública sino contra la propia Carta Magna.

 

                  IV)VIOLACION DEL PACTO DEMOCRÁTICO:

                   El juzgamiento de los integrantes de las Juntas militares de la última dictadura fue contundente y celebrado a nivel mundial como un loable ejemplo de Justicia, que nos honra ante el mundo, así como la dictadura militar nos había deshonrado y convertido en oprobio ante la comunidad internacional.

                  La dictadura dejó miles y miles de víctimas, decenas de miles de familiares de las mismas y hasta el día de hoy alrededor de trescientos argentinos apropiados que aún no recuperaron su identidad.

                  Mal que le pese al actual gobierno, existía hasta el 10 de diciembre de 2023 un PACTO DEMOCRÁTICO, resumido en dos palabras que caracterizaron el Informe de la Conadep y con las que cerró su alegato el Fiscal Strassera durante el Juicio a las Juntas: “Nunca Más”.     

                Como veremos, el “relato” que intenta instalar irresponsable e ilegalmente el Gobierno implica la ruptura de hecho de ese “pacto democrático”, que no es fruto de un “relato kirchnerista”, como lo quieren presentar quienes hoy gobiernan, sino de la acción democrática de generaciones de argentinos , organismos de derechos humanos, militantes populares, legisladores, fiscales y jueces,  que en cuatro décadas de democracia difirieron en muchísimos tópicos pero coincidieron en la férrea voluntad de que no se repita el reinado del terror, para lo cual resulta indispensable la Memoria, Verdad y Justicia.

             Huelga recordar que el informe de la CONADEP no lo elaboró la Cámpora o un partido de izquierda, sino una comisión de personalidades designadas a tal fin por el Presidente Raúl Alfonsín, y que dicha comisión no fue presidida por un comunista o peronista camporista sino por el reconocido escritor y Premio Cervantes Ernesto Sabato, quien desde su juventud se manifestó contrario al régimen comunista y en 1955, según el mismo reconoció, festejó la caída de Perón. Vale decir que Sábato estaba muy lejos de ser un representante del marxismo o del peronismo kirchnerista y se encontraba ideológicamente muy cercano al radical Alfonsín.[4]

                   Tampoco el fiscal Strassera o los camaristas que juzgaron a las Juntas militares eran afiliados a la Internacional Comunista ni pertenecían al kirchnerismo, que no existía ni siquiera como proyecto remoto. El suscripto tuvo la suerte de ser alumno en la UBA del Dr, Guillermo Ledesma -uno de los jueces de aquel proceso histórico- y recuerda perfectamente que este jurista defendía en sus clases un derecho penal de corte liberal y sostenía que en la Unión Soviética y en Cuba no existía el debido proceso sino un régimen totalitario. Tales menciones, que pueden parecer ociosas, ponen en evidencia que el proceso de Memoria, Verdad y Justicia fue sostenido por múltiples actores con diferentes posicionamientos políticos e ideológicos, y que pretender reducirlo todo a “un relato kirchnerista y zurdo”, como afirma el Gobierno, constituye no sólo una burda mentira sino también un profundo e intencionado desconocimiento de la historia reciente, con la sola mira de poder reivindicar el Terrorismo de Estado alzando la -hoy “pagadora”- bandera del antikirchnerismo.

                                                                                                     

                 V) LA INSTALACION PAULATINA DE LA REIVINDICACION DEL TERRORISMO DE ESTADO Y EL NEGACIONISMO:

              Luego de este introito, largo pero necesario, pasa a analizar el hilo discursivo explícito e implícito en que incurrieron estas personas hoy denunciadas.

               El mismo no se constituye a partir de una sola acción sino que se ha ido desenvolviendo en etapas, y a través de diversos actores, pero coordinados y en acciones planificadas, reiterándose de manera sistemática argumentos mutuamente complementarios para inducir la conclusión de negar el genocidio y/o justificarlo por vía indirecta o directa.

                Ha consistido en líneas generales en:

 

A)Minimización del número de desaparecidos: cabe recordar que Javier Milei sostuvo esta maniobra ideológica en distintas oportunidades durante su campaña electoral, y en concreto lo hizo durante los debates presidenciales; en el curso del primer debate, dijo por ejemplo: “No fueron 30.000 los desaparecidos, son 8.753".

               Esta afirmación sobre el número de desaparecidos parecería en principio hallarse lejos de una apología, y limitarse a disentir con el dato que manejan los organismos de derechos humanos, a lo cual tiene lógicamente derecho.  Pero cuando se la relaciona con la seguidilla de declaraciones y afirmaciones que lo tiene como portavoz, se advierte la clara e inocultable intencionalidad de atenuar o reivindicar el Terrorismo de Estado, en contra de las sentencias firmes recaídas en decenas de causas de lesa humanidad. Cabe recordar que en el año 2006 se desclasificaron documentos de inteligencia de los Estados Unidos elaborados en 1978, donde hasta ese entonces el Ejército (solo una de las tres fuerzas armadas) reconocía haber asesinado o hecho desaparecer a unas 22 mil personas. Tampoco es posible ignorar que quienes se presentaron ante la Comision Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) fueron sólo una parte de las víctimas, toda vez que en esa época persistían grandes temores acerca de la posibilidad real de que los militares genocidas regresaran al poder; amén de que en el interior del país, en medios rurales, hubo también numerosas víctimas que no fueron denunciadas por ser aún mayor el miedo a las represalias.

                  Veamos lo que dice el propio Sábato, en el Prólogo del “Nunca Más”, mucho antes de la existencia del denostado kirchnerismo:

                   Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita vergüenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza. De estos desamparados, muchos de ellos apenas adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de nueve mil. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.

                        

                     Pero, cualquiera sea el número que en definitiva se determine, la cantidad de treinta mil, nueve mil o veintidós mil, una minimización  o reducción del número de desaparecidos no puede erigirse en una ATENUACION DEL HORROR, o pretenderse que se ha mentido e impugnar así las sentencias dictadas por la Justicia argentina, por cuanto se encuentra acreditado perfectamente lo que aquí interesa: la masividad y sistematicidad de la represión ilegal, a menos que se sostenga –en el colmo del absurdo- que el numero dado por el Presidente desbarata per se tales caracteres perfectamente acreditados y que al ser, a su criterio, “menos de treinta mil”, ya no habría genocidio ni lesa humanidad…

 

B)La afirmación, como justificativo, de que en Argentina “hubo una guerra”.

                Tambien en el curso de los debates presidenciales Milei afirmó, de manera escandalosa y vergonzosa, que en la década de los 70 "hubo una guerra". Esta manifestación revela la voluntad persistente de justificar o atenuar el Terrorismo de Estado, por aquello de que “en una guerra todo está permitido”, afirmación falaz que ni siquiera se justifica en la guerra real entre países, en la cual (al menos teóricamente) quienes las dirigen y ejecutan se hacen pasibles de acusaciones por crímenes de guerra, por genocidio, por atacar población civil, bombardear ciudades, torturar, violar o masacrar poblaciones, asesinar prisioneros de guerra amparados por las Convenciones de Ginebra, etc. Todos ellos son delitos de derecho internacional, cuya diversa tipificación data de más de un siglo en las convenciones internacionales respectivas, y han dado lugar a sentencias condenatorias contra criminales de guerra por acciones criminales en Ruanda, la ex Yugoslavia y otros países.

Ya que el Presidente se declara admirador del padre de nuestra Constitucion Nacional, Juan Bautista Alberdi, debería recordar que el insigne tucumano no sólo escribió “Las Bases”, sino también una obra fundamental, claro antecedente del derecho internacional de los derechos humanos: “El crimen de la guerra”, en el que anticipó en varias décadas la tipificación internacional de los crímenes de guerra y de los Estados contra su propia población. Por supuesto que Alberdi, en realidad estaba en las antípodas ideológicas de Milei, pese a su engañosa invocación, pues era un liberal de verdad, y no un mero defensor del “libre mercado”. [5]

         Pero tales declaraciones e irresponsables afirmaciones son aún más graves porque en los años setenta NO HUBO GUERRA, ni sucia ni limpia. No hubo enfrentamiento con una potencia extranjera (salvo en 1982 la desastrosa guerra de Malvinas que la misma dictadura provocó cuando estaba próxima a ser desalojada del poder, en el afán de eternizarse), ni hubo fuerzas irregulares beligerantes declaradas como tales por el derecho internacional en posesión de una parte del territorio (salvo una presencia episódica de sectores de selvas en la guerrilla tucumana que para 1976 ya había sido por completo desbaratada y erradicada de aquella provincia).  Es un hecho demostrado que el accionar de las organizaciones armadas ya había sido neutralizado y que las mismas habían sido desmanteladas en su capacidad operativa durante el denostado (y derrocado) gobierno de Estela Martínez de Perón. Vale decir que al momento de producirse el golpe de 1976, no había una situación militar que pudiera describirse como guerra, ni sucia ni limpia, y la represión militar y el Terrorismo de Estado se utilizaron como herramientas para implantar el plan económico neoliberal de Martínez de Hoz, reprimir a la población, acallar las protestas, sembrar el terror, perseguir a militantes sociales, sindicales y políticos, encarcelar dirigentes (incluso la Presidenta derrocada estuvo presa más de cinco años, como también lo estuvo el fallecido Presidente Menem, innumerables dirigentes de todo el país, los directivos de los principales gremios de la CGT, etc.), y de manera sistemática, planificada y consciente secuestrar personas, torturarlas en centros clandestinos de detención, asesinarlas negando a sus familiares el derecho a conocer su destino, sin someterlas a proceso legal, robar niños para entregárselos a apropiadores, saquear los bienes de las víctimas y apoderarse de ellos, violar a las prisioneras, someter a todos los detenidos a tormentos de una perversión inimaginable, arrojar cuerpos al Río de la Plata en los “vuelos de la muerte”, etc.

            Todo esto es ocultado adrede por el hoy presidente Javier Milei, quien exhuma del arcón nacional del OPROBIO la misma justificación que blandieron para su ilícito accionar los genocidas.

             Cabe recordar lo sostenido por el jefe de los genocidas, Videla, en 2010, en el marco del juicio oral que se le realizó a él, al ex jefe del Tercer Cuerpo del Ejército Luciano Benjamín Menéndez y a otros 28 imputados, por delitos de lesa humanidad. Cuando el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de Córdoba concedió las "últimas palabras" a los acusados, Videla sostuvo -como Milei- que en la década del ’70 hubo en la Argentina una “guerra interna” y señaló que la "agresión terrorista quería tomar el poder político para instalar un estilo marxista". Según su criterio, tal supuesta amenaza justificaba cometer todo tipo de delitos y tropelías contra los detenidos-desaparecidos, sin forma alguna de proceso legal. Entre otras repudiables palabras, en el marco de su defensa, dijo el condenado genocida: "Fue una guerra interna iniciada por las organizaciones terroristas contra las instituciones del propio Estado argentino... Me niego a aceptar que fue una guerra sucia. Las guerras defensivas, como la que hubo en nuestra patria, son en general guerras justas". Hemos de recordar que el despreciable dictador había declarado a la prensa internacional en tiempos de su dictadura que los desaparecidos “no están”, no existen, como si fuera una categoría ontológica, una suerte de fatal e inescrutable limbo entre la vida y la muerte. Este mismo argumento y apelación a la guerra y al estado de guerra fue alegado por Emilio Eduardo Massera, jefe de la Armada durante la dictadura, en ocasión de su defensa en el histórico Juicio a las Juntas de 1985.

    ¿Qué dijo la Justicia argentina y hoy es desconocido y negado por Milei? La CAMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL FEDERAL DE LA CAPITAL FEDERAL, en su SENTENCIA  en CAUSA 13/84 (Juicio a las Juntas) del 9 DE DICIEMBRE DE 1985, descartó de plano la  tesis de la “guerra” como justificativo


argumentada por la defensa de los acusados:

       (…) en modo alguno parece que las fuerzas insurgentes hubieran ejercido dominio sobre un espacio geográfico determinado, como paso previo a la instalación de un gobierno revolucionario, para la gestión de su reconocimiento internacional. Por el contrario, la propia Directiva Nº 333/75, ("operaciones contra la subversión en Tucumán"), establece que el enemigo -que estima en una capacidad aproximada entre 300 y 500 hombres- se aprestaba a efectuar la apertura de un "frente rural", describiendo actividades puramente preparatorias. Por lo demás, en momento alguno, tales grupos insurgentes, fueron reconocidos como beligerantes, recibieron reconocimiento internacional, contaron con la capacidad de dictar normas con alguna eficacia general, y menos aún tuvieron poder de hecho, para aplicarlas, ni hubo intervención en el conflicto de potencia extranjera alguna. En las condiciones dadas, está claro que la lucha armada se desarrolló fronteras adentro, lo que excluye por completo el concepto de guerra que alude a una contienda entre Estados soberanos y que tiene por fin hacer prevalecer un punto de vista político (Vid. Podestá Costa, op. y loc. cit.; Hans Kelsen, "Principios de Derecho Internacional Público", traducida por Hugo Caminos y Ernesto C. Hermida, Ed. "El Ateneo", Buenos Aires, sin fecha; Ch. Rousseau, "Derechos Internacional Público profundizado", Traducción de Delia García Dairreaux, Editorial "La Ley", Buenos Aires, 1966, p. 371). Tampoco importó una guerra civil internacional, por la falta de reconocimiento externo del estado de beligerancia de la facción en armas (Conf. Podestá Costa, op. cit., ps. 11, 12 y 15; Daniel Antokoletz, "Tratado de Derecho Internacional Público", quinta edición, Librería y Editorial "La Facultad", Buenos Aires, 1951, T. III, p. 531).”

            El Presidente de la Nación, al parecer, no leyó la sentencia del Juicio a las Juntas, ni le interesa. Lo único que parece interesarle es reivindicar la represión ilegal utilizando los mismos insostenibles argumentos que los DEFENSORES DE LOS COMANDANTES CONDENADOS y descalificar una sentencia firme de un tribunal argentino que llevó adelante un proceso irreprochable.

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c)La afirmación de que en la que las fuerzas del Estado dictatorial "cometieron excesos" y no un genocidio planificado y sistemático.

               Milei también lo sostuvo en el curso del primer debate presidencial.  Al reproducir la tesis de los excesos (defendida por la dictadura militar en oportunidad de dictarse a si misma el decreto ley de autoamnistía y en oportunidad del Juicio a las Juntas), niega precisamente dos de las características principales de la represión ilegal: que los delitos del Terrorismo de Estado fueron planificados centralmente y que fueron ejecutados de manera sistemática.

               Una vez más apelaremos, no a las afirmaciones del demonizado “kirchnerismo”, “camporismo” o “zurdos” de distinta índole, odiados por el Presidente, sino a lo sostenido por la CONADEP en el prólogo escrito por el anticomunista y antiperonista Ernesto Sábato:

        “…después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. (…)  De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de «excesos individuales»? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores». Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los «excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia», revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.”

                 Evidentemente, el Presidente no leyó el Nunca Más, o bien considera que Sábato era un agente pago del marxo-kirchnerismo.

                 “…Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día, mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban «zona libre» a las comisarías correspondientes. Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzana y entraban por la fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones, mientras el resto del comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: «Abandonad toda esperanza, los que entráis». De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra –¡triste privilegio argentino!– que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.”

                No continuaremos transcribiendo este célebre documento que testimonia el incalificable horror perpetrado, no por excesos de la guerra sino por una represion asesina planificada y bestial.

                  Pasemos a otro documento de la época, también insospechable del “demonio del kirchnerismo y el marxismo cultural”. La sentencia en el Juicio a las Juntas. ¿Consideraron los juzgadores que se trató de excesos en la guerra sucia o limpia? Por supuesto que no. Afirmaron:

                  “(…)las acciones que se juzgan fueron, ab initio,abusivas, desde que, lejos de transponer los límites inicialmente lícitos, fueron una respuesta al margen de todo derecho. No hubo intensificación de medios originariamente adecuados sino instrumentos ilícitos. Tales las detenciones sin juicio, tormentos, malos tratos a prisioneros, robos y daños. No hubo una inicial juricidad, como lo reclama Soler, sino un ejercicio arbitrario del propio derecho, en el ejemplo de Núñez. Tampoco se encuentra presente en la especie la esencia culposa del exceso. Las órdenes emitidas importaron actuar, con conciencia y voluntad, con relación a las acciones típicas mencionadas en el párrafo anterior. Finalmente, la forma en que los enjuiciados condujeron las acciones antisubversivas no se adecuan al carácter del instituto, que según se señalará, estaba en el temor, la sorpresa, la agitación del ánimo, que suscitan ciertas circunstancias en las personas. La agresión terrorista, se afirmó, era grave, seria y debía ser repelida. Sin embargo, no es admisible que un gobierno que concentraba en sus manos toda la fuerza del Derecho y de las armas obrara como lo hizo, sobre la base de una perturbación del ánimo de sus miembros. Los hechos que son objeto de este proceso fueron planificados, dirigidos y ordenados de acuerdo a lo que se ha expuesto en capítulos anteriores de esta sentencia y en modo alguno puede admitirse la existencia de tal elemento subjetivo en los procesados.”

                    Más adelante agrega: “Los procesados tuvieron el dominio de los hechos porque controlaban la organización que los produjo. Los sucesos juzgados en esta causa no son el producto de la errática y solitaria decisión individual de quienes los ejecutaron, sino que constituyeron el modo de lucha que los comandantes en jefe de las fuerzas armadas impartieron a sus hombres. Es decir que los hechos fueron llevados a cabo a través de la compleja gama de factores (hombres, órdenes, lugares, armas, vehículos, alimentos, .etc.), que supone toda operación militar. Sin el imprescindible concurso de todos esos elementos, los hechos no hubieran podido haber ocurrido. (…) Debe tenerse igualmente presente que los procesados no sólo dirigían sus respectivas fuerzas sino también a las de seguridad, entre las que se hallaban las encargadas de prevenir los delitos, y que por la fuerza se habían erigido en la única fuente de poder de la República, con lo que no existía autoridad que pudiera controlar eficazmente lo que acontecía. (…) El dominio de quienes controlan el sistema sobre la consumación de los hechos que han ordenado es total (…)

                      La justicia argentina, en este y en prácticamente todos los juicios de lesa humanidad, que el Presidente ridiculiza y relativiza, ha concluido unánimemente que la represión ilegal no fueron excesos de represores individuales sino un plan sistemático de exterminio. El presidente, deliberada y maliciosamente lo ha negado, con el presumible propósito de justificar el Terrorismo de Estado.

 

C) Milei afirma: “Montoneros y del ERP mataron, asesinaron y torturaron gente, pusieron bombas, hicieron un desastre y también cometieron delitos de lesa humanidad".

                Lo ha sostenido en la primera jornada de los debates presidenciales y lo ha reiterado especialmente en ocasión del 24 de marzo, al publicar y hacer suyas las expresiones y conclusiones de un video oficial que pone el acento en los “crímenes de la guerrilla”. Como pacifista convencido y enemigo de toda violencia, el suscripto ha repudiado reiteradamente los crímenes cometidos por las organizaciones armadas y no comparte la tesitura de quienes pretendan reivindicar ese accionar violento, ni siquiera como expresión de un presunto “derecho de resistencia la opresión”. Pero cabe recordar que los actos delictivos o violentos cometidos por tales organizaciones (desde tomas cruentas de cuarteles hasta secuestros extorsivos, atentados y asesinatos empleando diversos medios comisivos) no son delitos de “lesa humanidad” ni pueden equipararse a estos. Lo que caracteriza a los delitos de lesa humanidad, lo que los torna imprescriptibles, inamnistiables e inindultables, es que -además de ofender y destruir la condición humana- fueron cometidos desde el Estado, responsable de mantener la paz y asegurar la vigencia de los derechos y que, en vez de hacerlo, los viola de manera sistemática, siendo perpetrados  por agentes estatales, utilizando la fuerza pública que el pueblo confió al gobierno para su defensa y no para fines de exterminio y actos de ilegalidad y tortura.

                 De manera, pues, que la insistente e inoportuna mención -precisamente en el Día de la Memoria- de la comisión de delitos violentos por parte de las organizaciones armadas no estatales, tiene un claro y visible propósito: justificar el Terrorismo de Estado. “Los condenados por crímenes de lesa humanidad hicieron lo que hicieron –se dice sin decirlo abiertamente-, secuestraron, violaron, saquearon, torturaron, arrojaron personas al río en los vuelos de la muerte, empalaron a un adolescente de quince años para después arrojarlo desde un avión[6], robaron niños, se negaron a juzgar legalmente a los detenidos-desaparecidos, etc., porque antes las organizaciones armadas habían cometido delitos”. Se advierte claramente la perversidad y malignidad del argumento presidencial.

                      Una vez más, dejaremos a un lado las posturas presuntamente falaces e intencionadas que el gobierno atribuye al kirchnerismo y citaremos el prólogo del “Nunca Más”, escrito por el insospechable de peronismo o comunismo Ernesto Sábato:

                        Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura». No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.”[7]

                    Poner el acento en los crímenes de la mal llamada  “subversión”  un 24 de marzo, ocultando los crímenes de lesa humanidad cometidos por los militares genocidas condenados por la Justicia argentina, muestra una vocación, no de perseguir la “memoria completa”, sino de reivindicar y/o justificar el Terrorismo de Estado.

 

 D) La emisión de un video del Gobierno el 24 de marzo, dedicado a justificar indirectamente la represión ilegal:

                Como es público y notorio, el Gobierno difundió por la cuenta X de la Casa Rosada un video de casi 13 minutos sobre los años 70 y la última dictadura militar, en el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, dirigido por un tal Santiago Oría, en que se renombró de manera ilegal el 24 de marzo como “el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia Completa”, infringiendo así la ley 25633, pues no se puede modificar la denominación de un día nacional por video sino por ley.               En la misma plataforma, Milei retuiteó el mensaje y publicó: “POR UNA MEMORIA COMPLETA PARA QUE HAYA VERDAD Y JUSTICIA”.

                  La ofensiva pieza recopiló los testimonios del exmontonero “arrepentido” Luis Labraña, del ex jefe de la SIDE Juan Bautista “Tata” Yofre, y de María Fernanda Viola, hija del capitán Humberto Viola, que, por supuesto, tienen todo el derecho de opinar lo que quieran, pero que, al convertirse tal pieza audiovisual en la versión gubernamental oficial del Día de la Memoria, asume el carácter de un acto apologético del Terrorismo de Estado, por los motivos ya explicados precedentemente. Yofré sostuvo que “no se contó de manera completa la historia” de los años 70, y que ello fue por plata “porque hubo un reconocimiento a quienes habían destrozado la Argentina, o iban a destrozar la Argentina, y se quedaron con mucho dinero. Cifras enormes, de aquel entonces y de hoy, 200 mil dólares para cada uno”. Asimismo sostuvo que bajo el kirchnerismo “el terrorismo estaba en el gobierno”. Todo esto con motivo del Día de la Memoria, instituido -recordemos- “en conmemoración de quienes resultaron víctimas del proceso iniciado en esa fecha del año 1976”

                 Va de suyo que las leyes reparatorias no constituyen un “premio” por cometer delitos sino una reparación por la violación sistemática de derechos por parte de la dictadura militar a quienes fueron víctimas de la misma.

                Es notable, asimismo, a través de los libros y reportajes de Yofré, que este oscuro operador del submundo de la inteligencia no busca la “memoria completa” sino la reivindicación del Terrorismo de Estado. Ello se trasluce en todas sus publicaciones, inspiradas en el propósito de reivindicar la represión ilegal como algo justo o al menos necesario frente a la “agresión marxista”.[8]

                    Resulta cuando menos curiosa la queja de estos sectores cuya voz pretende asumir el gobierno, de que los guerrilleros no hayan sido “castigados” como sí lo fueron -según ellos- los represores. Observó Fernandez Meijide en el reportaje supra citado: “Cuando Raúl Alfonsín asumió, ordenó primero la investigación de los hechos y por eso se crea la Conadep. Después se avanzó con el enjuiciamiento de las Fuerzas Armadas y también el enjuiciamiento de los jefes de las organizaciones guerrilleras armadas. Por eso estuvo preso Mario Firmenich y Roberto Perdía,  que murió la semana pasó, pudo regresar al país. -Es un tema que se ignora o se olvidó... -Claro que se olvida. Como se olvida que a ellos los liberó Carlos Menem con sus indultos. Los liberó a los militares y a los guerrilleros, a todos.” En efecto, el sujeto en cuestión, que el Gobierno ha decidido tomar como portavoz, fue Secretario de Inteligencia  y embajador bajo el menemismo, gobierno que se encargó de indultar por igual a represores y jefes de organizaciones armadas, mediante un pacto de impunidad que se llamó eufemísticamente de “pacificación”. En efecto, en 1989 Menem indultó a los procesados: los militares que todavía estaban en juicio pese a las leyes de impunidad, y algunos civiles de organizaciones armadas, y clausuró los juicios pendientes. Fueron cuatro decretos: el 1002 a favor de represores como Riveros, Suárez Mason, Sasiaiñ y otros; el 1.003 para ciertos represores uruguayos, dirigentes montoneros, y hasta personas que habían estado desaparecidas, como Graciela Daleo, quien se negó aceptar el indulto; el 1.004 para los carapintadas de Semana Santa, Monte Caseros y Villa Martelli; y el 1005 para los responsables de Malvinas: Galtieri, Anaya y Lami Dozo. La Cámara Federal de Bahía Blanca se pronunció por la inconstitucionalidad de tales medidas enrelación a los represores. La Corte Suprema de entonces no sólo las avaló sino que, ante el planteo de Graciela Daleo de que se violaba su derecho a ser juzgada y la presunción de inocencia, resolvió que se trataba de un beneficio “irrenunciable” por ser una potestad discrecional del Poder Ejecutivo. En diciembre de 1990, Menem prosigue con su política de “pacificación”, que lo llevó a abrazarse con el almirante Rojas –derrocador de Perón- y con los Alsogaray, Aleman, etc., y procede a indultar a los condenados judicialmente: por decreto 2.741, a los integrantes de las tres primeras juntas del Proceso, Videla, Massera y compañia; por decreto 2742, a Firmenich; por decretos 2.743 al 2.746 a ciertos dirigentes peronistas con causas pendientes, a Martínez de Hoz y a Suárez Mason, por una causa no prevista en el indulto anterior, y también a presos comunes, mezclando la Biblia con el calefón. Ambas tandas de indultos dejaron sin castigo a unas 1.200 personas. El gobierno presionó a los fiscales para que no plantearan la inconstitucionalidad de los nuevos decretos y removió a los que se negaban a obedecer. Se cierra así el cuadro de impunidad total. Si Alfonsín había hecho concesiones inaceptables por sus vacilaciones y contradicciones y por temor a ver interrumpido el incipiente proceso democrático, Menem actuó con plena convicción ideológica a favor de la impunidad. “El indulto me lo banco yo”, fue la frase que eligió para adoptar estas medidas profundamente impopulares, a las que se oponían, según encuestas de la época, siete de cada diez personas en el caso de los ex comandantes y ocho de cada diez en el caso de Firmenich. Los indultos por delitos de lesa humanidad fueron declarados inconstitucionales años después, mientras que los de los jefes de organizaciones armadas quedaron firmes porque no se trataba de delitos de lesa humanidad. Esto, sin embargo, se oculta intencionadamente para dar la impresión de que hay un grupo de ex militares injustamente presos

 

E) La campaña permanente de Villarruel a favor de los represores.

 

              Luego de la emisión del video oficial, la Vicepresidenta manifestó en las redes sociales: “Los DDHH son para Todos. La Memoria también. Verdad, Justicia y Reparación para las víctimas del terrorismo. Los responsables de estos crímenes no pueden quedar impunes. #NoFueron30000”

            ¿Qué significa “no pueden quedar impunes”? Siendo abogada, ¿acaso desconoce que los montoneros indultados por Menem no pueden ser juzgados nuevamente? Y de nuevo la ssitemática discusión en torno el número de desaparecidos, lo que demuestra el pacto y coordinación que mantiene con el Presidente, como si el numero modificara la atrocidad de los delitos…

               Es público y notorio que Villarruel, hija de un militar retirado, expresó en reiteradas oportunidades su discurso negacionista de la dictadura durante la campaña electoral y también posteriormente, e incluso organizó un acto en la Legislatura porteña para reivindicar a las "víctimas del terrorismo" de las organizaciones guerrilleras. Asimismo, signó buena parte de su carrera política con las polémicas en torno al pasado, afirmando, por ejemplo, que quienes la cuestionan o tildan de negacionista son “familiares de terroristas”, refiriéndose a Horacio Pietragalla Corti – ex secretario de Derechos Humanos de la Nación– y a Victoria Montenegro –legisladora porteña-, ambos hijos de víctimas del terrorismo de Estado recuperados gracias a la búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo.

            De acuerdo a informaciones periodísticas de amplia difusión, Villarruel participó de la Asociación Argentinos por la Memoria Completa y luego conformó Jóvenes por la Verdad, el grupo que solía organizar visitas al dictador Jorge Rafael Videla mientras estaba privado de libertad.

                   También propuso en diferentes ocasiones cerrar el Museo que funciona en la ESMA, instalar los dos demonios en el Parque de la Memoria, puso en duda la imparcialidad de los juicios contra los genocidas y tildó a los organismos de derechos humanos de “parciales”.

                 "Un predio como el de la ESMA son 17 hectáreas que podrían ser disfrutadas por todo el pueblo argentino. Sobre todo, porque en algún momento estaban destinadas a hacer escuelas y lo que más necesitamos son escuelas", consideró durante una entrevista en TN, buscando abolir el contenido simbólico del predio en el que funcionó el mayor centro clandestino de la dictadura y que hoy sirve como recordatorio del horror, pese a que la Unesco habìa declarado al Museo Patrimonio Mundial de la Humanidad amparado por la "Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural",

            Días pasados, al ser consultada sobre una eventual lucha militar contra el “narcoterrorismo”, como pretenden la ministra de Seguridad y el ministro de Defensa, manifestó su desacuerdo quejándose de que “en los 70 se combatió al terrorismo, ¿y dónde están los que lo combatieron?: Presos”.

 

                VII) Como se advierte del conjunto de tales posicionamientos, asistimos, a una maniobra de instalación gradual destinada a exhibir los juicios de lesa humanidad y consiguientes condenas como parciales, a cambiar el sentido y contenido de los sitios y fechas relacionados con la Memoria y el repudio al Terrorismo de Estado, a justificar directa o indirectamente este último como una respuesta defensiva frente a los crímenes previos de las organizaciones armadas, a rechazar la caracterización hecha por los tribunales que juzgaron a los genocidas sosteniendo que no se trató de un plan sistemático de exterminio sino de meros “excesos” en el marco de una “guerra”, y a poner el acento en las violencias cometidas por los subversivos para así disculpar o atenuar las medidas ilegales y violentas adoptadas por la dictadura a partir del 24 de marzo de 1976.

                   De modo, pues, que no se trata de meras opiniones más o menos plausibles, discutibles, acerca de la historia, sino de una avanzada sistemática in crescendo destinada a disputar el sentido en torno al 24 de marzo y el repudio a la dictadura militar y el Terrorismo de Estado. Todo ello, evaluado en su conjunto y no como meras declaraciones aisladas, constituiría -a entender del suscripto- negacionismo, apología del delito, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público, lo que así solicita se investigue y eventualmente se sancione.

                   Dado que las citas de declaraciones de los funcionarios aquí denunciados aparecen en los medios y redes sociales sin más necesidad que su simple búsqueda mediante Google u otro buscador similar, no se ha considerado necesario acompañar la impresión o enlace de los artículos de prensa en que aparecen consignadas, sin perjuicio de que -si V.S. lo estimare necesario-, el suscripto pone a Vuestra disposición dicha información en caso de serle requerida.

                VIII) Solicita en consecuencia se tenga por formulada la presente denuncia dándosele el trámite de ley.

                               Proveer de conformidad

                                                                            SERA JUSTICIA

            Javier Adrian Garin

            Abogado

            T.32 F. 735 CPACF



[1] Obra esta última en que analiza críticamente el accionar de las organizaciones armadas en los años setenta, entre otros temas. Recalca esto para contrarrestar el falaz latiguillo de que “defender los derechos humanos es defender delincuentes o terroristas”, pues el suscripto defiende habitualmente víctimas de delitos, repudia los métodos violentos y las dictaduras de derecha o de izquierda, y se opone a cualquier gobierno autoritario, sea capitalista, comunista, socialista, islámico, sionista o el rótulo bajo el que se escude para cometer tropelías contra sus ciudadanos.

[2] En Alemania, el Código Penal condena la incitación al odio y la xenofobia, y la negación del holocausto, la defensa del nazismo y el uso de símbolos que incluyen desde la exhibición de esvásticas hasta llevar el bigote de Hitler o usar el saludo nazi. En Italia se penaliza la apología del fascismo.

 

[3] En esta y en las sucesivas citas las negritas, cursivas, subrayados, etc., pertenecen al suscripto.

[4] Siempre con la finalidad de no citar fuentes kirchneristas que el gobierno considera “sesgadas”, se menciona a continuación lo declarado por Graciela Fernandez Meijide a Infobae:  “Nadie cuestionó la CONADEP, jamás. Ese informe, que cuando llegó el momento de la justicia federal, fue la base y los fundamentos del juicio, tampoco fue cuestionado. Nunca. El juicio completo no fue cuestionado, ni por la Corte Suprema. Al contrario, fue refrendado.

-Pero entonces cuál es su interpretación de este mensaje (se refiere al video de Milei y Yofré)

-Sacan un pedazo de la historia. Yo sé, Facundo, el dolor de quien pierde a un hijo. Es lo mismo que lo maten unos o que lo maten otros. Es una vida, un hijo, un padre a que te matan. Entiendo el dolor de aquellos que eran familiares de víctimas de las organizaciones armadas. Lo que no se puede comparar es lo que pasó con todos esos crímenes. Los militares, cuando tomaron el poder, podían haber hecho justicia, mediante la actuación de los jueces, y en lugar de eso, privilegiaron la represión y el terror que produce la desaparición. Lo que se castigó fue eso.

 

 

 

[5] El Crimen de la Guerra” es “la obra de un gran pacifista, de un humanista convencido y de un hombre comprometido con su tiempo. Justamente escribió este libro bajo la impresión de la guerra del Paraguay, en la que había hecho campaña para defender al pueblo paraguayo de la agresión de sus vecinos y para condenar la política belicista del gobierno de Mitre en alianza con Brasil y Uruguay. (…) Pero “El crimen de la guerra” excede con mucho su finalidad de ser la más elocuente condenación de la guerra del Paraguay. Es la condenación de la guerra en todas

sus formas, de la guerra como práctica internacional, del culto de la guerra y de las glorias militares (…).En este libro Alberdi se revela, además, como un gran teórico del Derecho Internacional, un precursor. Anticipando soluciones que tardarían décadas en alcanzarse, previó la organización de una Sociedad de Naciones, la conformación de una Justicia Internacional que castigara a los responsables del crimen de la guerra y la protección internacional de los derechos humanos. Y todo esto en 1869. “ (…) Alberdi se opone al contrasentido de que existan dos derechos, uno que rige a los individuos castigando sus crímenes y otro que rige a los Estados, santificando los crímenes de guerra. “Si el derecho es uno –argumenta- ¿puede la guerra, que es un crimen entre los particulares, ser un derecho entre las naciones?.” (…) “El atraso, la barbarie, la opresión, están representadas en Sudamérica por la espada y por el elemento militar”.  (…) Alberdi propone una educación para la paz. Combate la “idolatría militar” y el “culto de los guerreros”. (…) “La responsabilidad penal será al fin el único medio eficaz de prevenir el crimen de la guerra (…) “el primer culpable de ese crimen es el soberano que la emprende... (…) Alberdi lleva sus concepciones contra la guerra a la proposición de un orden internacional fundado en la existencia de un “pueblo-mundo”.  (…) “ese pueblo compuesto de pueblos que llamamos el género humano”. El conjunto de las naciones, prevé Alberdi, se organizará paulatinamente conformando una sociedad universal, celebrando Congresos o parlamentos internacionales y dictando las leyes que rijan a los Estados en sus relaciones. (…) En esa nueva organización se constituirán gradualmente Cortes o Tribunales de Justicia internacional para dirimir los conflictos, aplicar el Derecho Internacional y castigar a los culpables (…) Alberdi prevé la consagración internacional de los Derechos Humanos al sostener que  (…) cuando uno o muchos individuos “son atropellados en sus derechos internacionales, es decir, de miembros de la sociedad de la humanidad, aunque sea por el gobierno de su país, ellos pueden, invocando el derecho internacional, pedir al mundo que lo haga respetar en sus personas, aunque sea contra el gobierno de su país”. Párrafo extractado de mi Manual Popular de Derechos Humanos.

[6] El “negrito” Floreal Avellaneda. El 15 de mayo de 1976, la prensa uruguaya daba a conocer que el día anterior ―el 14 de mayo de 1976 (el día en que Floreal Avellaneda hubiera cumplido 16 años)― se habían encontrado ocho cadáveres en la ensenada del puerto de Montevideo.8​ Uno de ellos era el Negrito Avellaneda. Todos fueron víctimas de los vuelos de la muerte. El cadáver fue hallado atado de pies y manos, con una profunda herida. Se pudieron reconocer signos de que había sufrido torturas físicas, y el choque provocado por la caída desde varios miles de metros contra el agua le rompió el cuello,3​ pero la muerte habría sido causada por un empalamiento que habría destrozado los órganos internos y provocado una hemorragia fatal. ​

[7]    Este párrafo no es del agrado de ciertos sectores que reivindican el accionar de las organizaciones armadas y se niegan a admitir que los actos de violencia revolucionaria constituyen delitos. Por eso se ha acusado a Sábato de defender la teoría de los dos demonios, lo cual es evidentemente falso e impropio.

[8] Ha llevado tal reivindicación hasta el extremo de pretender atribuirle a Perón (para justificar así a Videla) la partida de nacimiento de la represión ilegal. He rebatido esta especie maliciosa y denigrante en mi libro “El último Perón”. Dice en una de sus publicaciones que el llamado “documento reservado” de los Gobernadores, posterior al asesinato de Rucci,  “fijaba directivas para terminar con el ‘entrismo’ de la izquierda”, asegurando haberlo entregado para su análisis a un oficial retirado especialista en inteligencia y estrategia militar (cuyo nombre no revela), del cual surgiría que se trata de un documento donde se justifica la matanza de montoneros y se crea una estructura paralela a la del Estado para hacer inteligencia y asesinarlos. Esta “interpretación” no es más que eso: una fantasiosa creación de Yofré y su misterioso militar amigo, que no surge de la letra del documento, y cuya única finalidad es “lavar la cara” a la represión ilegal llevada a cabo por la dictadura, haciéndola aparecer como una consecuencia de una supuesta orden emanada del Consejo partidario y avalada por Perón. De este tenor son las acusaciones de este sujeto.

 


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