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LA ENAMORADA DEL ARROYO (CUENTO DE LUZ MALA). Por Javier Garin.

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  Por Javier Garin 1      Anoche fuimos a la feria del otro pueblo, por los caminos de ripio, entre bosquecitos de eucaliptos y montes de talas y espinillos. Una media luna creciente ilustraba las colinas.  Vino en nuestro auto Susana, vecina de la colonia, nacida, criada y vivida aquí, viuda cercana a los setenta años. A ella le encanta ir a las ferias rurales.       Al pasar por el badén del arroyo cercano, Susana dijo:      -Acá es donde aparece la luz mala.      Reduje la velocidad y atravesamos el hilo de agua en silencio. Del lado derecho, en el remanso que se extiende como una pequeña laguna entre los árboles, imperaba una oscuridad total. Las frondas enmarañadas cerraban el paso a los rayos lunares. La sola idea de que una luz espectral pudiera aparecer en aquellas tinieblas resultaba inquietante. Apenas se oía el murmullo del agua.      Detrás de toda luz mala hay una historia. Pedí a Susana que nos la contara. Así supimos sobre la Enamorada del Arroyo. 2      Susana la conoci

LA VISITA, por Javier Garin

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  Por Javier Garin.      Caminaba al azar por las calles del barrio cuando de pronto vio la casa de su abuela, que hacía más de cuarenta años no visitaba.       Típica casa chorizo, con galería lateral y patio. A lgo despintada, rodeada de árboles y adornada con malvones.        Empujó la puerta de entrada sin pensarlo. El jardín exuberante lo envolvió con un perfume de jazmines y glicinas.       Sentada en su sillón de mimbre, la abuela volvió la cabeza y lo miró con su dulce sonrisa:      -Ya llegaste, Dani, tengo unas galletas recién horneadas para vos.      Lo invadió la felicidad. Una felicidad indescriptible, sólo empañada por un pensamiento:      “Ella no se da cuenta de que está muerta. Y yo no sé lo voy a decir. Procuraré que no note mi emoción”.       La abuela se levantó y fue hacia la puerta de la habitación posterior, donde estaba la cocina. Le hizo un gesto con la mano y Dani la siguió.        Mientras la abuela sacaba del horno las galletas de  almendras, Dani se acostum

EL REGALO DE LUCHO, por Javier Garin

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  por Javier Garin   1   -Don Hugo, doña Neli… La voz pastosa, aguardentosa, resonó en el porche. Mi padre asomó por el ventanuco de la puerta y reconoció a contraluz el cuerpo de gigante del antiguo gladiador.          -¿Qué necesita, Lucho? Lucho era alto, robusto, de hombros cuadrados, de espalda recta. Años y años de entrenamiento en los gimnasios habían dejado una impronta que perduraba a pesar de la vejez. Tenía entre sesenta y setenta años, pero su cuerpo aún era joven, fuerte. Una prominente barriga, dura de alcohol, desentonaba con la espalda moldeada en acero. La piel oscura denotaba un vago origen africano. Sólo su rostro era viejo, o más que viejo, ruinoso. Los puños de los rivales en las noches sobre el ring habían dejado su marca; la nariz aplastada, los arcos superciliares abultados. El alcohol había hecho también lo suyo en esa boca exangüe, sin fuerzas para mantener los labios en su lugar, en esos párpados hinchados que se derramaban sobre los ojos dimi