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MAGALLANES: Los primeros del final de la tierra, por Javier Garin

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  Cuento de Javier Garin (de "Historias del Fin del Mundo")                                                                1   El condenado avanzó con cierta altivez frente a sus antiguos compañeros, en la pequeña isla desierta. Los hombres presenciaban la escena silenciosos, con una vaga expresión de culpa. El condenado recibió el último sacramento. Arrodillado, lo hicieron inclinarse, ofrecer la nuca.   Un hombre de semblante sombrío, terco, cubierto de una profusa barba que empezaba a encanecer, hizo un leve movimiento de cabeza. Un golpe fuerte, preciso. El cuerpo del condenado se agitó en una convulsión final, la cabeza rodó. Los hombres bajaron la vista. Nadie dijo una palabra en la isla desierta, rodeada de aguas azules, aguas hasta entonces vírgenes. Alguien se inclinó a contemplar esos ojos fijos, cristalizados en un vacío de desesperación, que parecían mirar ansiosamente hacia la costa fronteriza, hacia el continente, más allá del canal, como si aún entonc

El oro de los Martirios, cuento de Javier Garin

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  Cuento de Javier Garin (de "Historias del Fin del Mundo")   1                Los archivos de la población de Cuaibá, en el Mato Grosso, obra el testimonio de una antigua tragedia, ocurrida hace más de doscientos años en el corazón de la selva brasileña. Los hechos que se desprenden de esos viejos registro podrían brindar abundante material reflexión sobre el poder corruptor del oro. Personas menos propensas a moralizar, o menos optimistas, verán sin duda en ellos una manifestación harto repetida de ciertos rasgos poco favorables de la naturaleza humana. Un día de fines del siglo XVIII se presentó ante las autoridades de Cuaibá un anciano desconocido, con señales de haber realizado una penosa travesía. Además de la fatiga y debilidad propias, de quien ha sobrevivido a largas jornadas en la selva, aquel infeliz parecía hallarse bajo los efectos de una profunda conmoción. Con voz indecisa y balbuceante, denunció una horrible matanza. El funcionario que lo interro

HUELLAS DEL CRUCE DE LOS ANDES, por Javier Garin

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  POR Javier Garin Fragmento del libro El Discípulo del Diablo, vida de Monteagudo. ―"La facción es el enemigo irreconciliable de la libertad"‖. Bernardo Monteagudo A casi siete mil metros sobre el nivel del mar se yerguen las dos cumbres hermanas del Aconcagua, unidas por el Filo del Guanaco, así llamado porque los primeros andinistas encontraron allí un esqueleto de guanaco, sin que nadie pueda explicar qué buscaba el infeliz animal a tan colosales alturas. Destino predilecto de los montañistas de todo el mundo, este cerro ya había sido escalado por los Incas, quienes no ascendían por orgullo deportivo sino como práctica religiosa comunitaria, según lo atestiguan las momias descubiertas en la llamada Pirámide -cerro cuya extraña remembranza egipcia se eleva a un costado del Aconcagua-, en el Llullaillaco y en otros grandes picos de América. Estas enormes moles eran consideradas "apu": espíritus tutelares, deidades protectoras de los pueblos incaicos, y como tales,